La salvación del capitalismo

El capitalismo se encuentra en una encrucijada histórica. ¿Se trata de un sistema económico destructivo o del primer sistema capaz de autoregenerarse? ¿Nos encontramos ante un capitalismo salvaje o ante una paulatina e incesante degeneración de éste para convertirse en un oligopolio de grandes corporaciones? ¿Existe alguna alternativa tras el fracaso del comunismo?

Es curioso constatar como las democracias liberales son las que más leyes antimonopolio y antioligopolio han generado. Esto tiene su lógica, pues el capitalismo debería fomentar que un individuo, mediante sus conocimientos, talento y/o su trabajo, pueda prosperar económicamente en la sociedad. Ello, se creía, incluso repercutiría en un bien común y en hacer más ricas las naciones. El capitalismo estimularía la actividad económica y los ciudadanos tendrían acceso a bienes de consumo (cada vez mejores y más asequibles) de otro modo imposibles de obtener.

No obstante, vemos como la progresiva concentración del poder económico en manos de unos pocos, no tiene mucho que ver con las ideas liberales de antaño. El trabajo, el talento y/o los conocimientos, dieron lugar a los mercados secundarios, OPAs hostiles, grandes fusiones…

También hemos asistido al rescate de bancos y otras entidades financieras con dinero público, hecho de por sí totalmente contrario a la idea postulada por los mismos que han tomado estas medidas intervencionistas, los abanderados del laissez faire, laissez passer.

La caja de pandora la abrió Bill Clinton el 12 de noviembre de 1999 revocando la ley Glass-Steagall. Esta ley se aprobó tras el crac de 1929 para separar la banca comercial y la banca de inversión. Este hecho es absolutamente clave para entender el colapso financiero de 2008. A partir de aquí se desregularizaron los mercados de un modo salvaje, se invirtieron millones de dólares (y de euros) de ahorradores en productos financieros meramente especulativos sin ninguna base en la economía real… Fue como poner el lobo a vigilar las ovejas.

Según Karl Marx, todo sistema económico lleva consigo el germen de su autodestrucción. Quizás en cuanto al comunismo ese germen fue la corrupción y la ineficiencia. En cuanto al capitalismo quizás ese germen sea la corrupción de sus propios principios fundacionales. Pero también está calando la idea de que el capitalismo es el primer sistema que avanza a base de crisis. Es probable que, con la actual crisis económica, la mayoría de damnificados lo que detestan en realidad no sea el capitalismo en sí, sino en lo que éste se ha convertido.

Con todo, si salvamos lo mejor del capitalismo: el fomento del talento, del trabajo, de los conocimientos, de la investigación, la iniciativa… y lo sometemos de una vez por todas a una estrecha -e irrevocable- regulación, es más que probable que el sistema tenga un buen futuro, especialmente si centramos parte de estos esfuerzos en la generación de energías renovables, en cuidar el medio ambiente y en redistribuir la riqueza de modo que todos tengan cubiertas, como mínimo, sus necesidades básicas (o desde una lógica más capitalista, de modo que existan más consumidores potenciales); protegiendo también el legítimo derecho de quien mediante su esfuerzo o talento aspire a alcanzar unas buenas condiciones de vida si ello no es en menoscabo del resto de los ciudadanos. Esto se consigue mediante voluntad política, órganos reguladores, leyes en este sentido y una auténtica separación de poderes.

El capitalismo se puede salvar dando la vuelta a la tortilla, invirtiendo esta lógica nociva.

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